anotaciones al margen
MeNtes
Una mirada cargada de tristeza, y una sonrisa en la que pesan más los años que aún no tiene.
Sus movimientos son lentos y precisos.
Hay algo en sus curvas que hace recordar a quien la mira que es más joven de lo que parece.
Tiene una voz dulce e inteligente, que no arrogante ni irónica. Y esto también sorprende: es una inteligencia cómoda y analítica; ella lo sabe y la asume. Sabe que tiene suerte de no sufrir una inteligencia retorcida y amarga, tan difícil de llevar.
Él en cambio, sí la padecía. Al final ella se cansaria de sus indolencias. Ella, racional, emotiva y sensible, algo que él quizá no entendería nunca. Era incapaz de entenderla porque estaba demasiado cómodo en su refugio de ideas y conceptos abstractos, tan alejados de la realidad palpable y sensible que constituía el día a día.
La admiración, era mutua.
Una mirada verde, sin gota de esperanza. Una sonrisa a medias, que no llegaba ni siquiera al gesto.
Silencios. Escuchaba lo que le decían con más o menos atención, dependiendo del discurso. Y luego: aire espirado a través de su nariz prominente. Sólo eso: aire espirado a través de su nariz prominente, y una media sonrisa, que ni siquiera llegaba a serlo.
La belleza clama atención. La inteligencia es más sutil en su reclamo, pero la admiración que genera es más profunda y más plena; es una admiración colmada y perdurable.
Quizá lo que seduzca de la belleza sea su instantaneidad, su brillo fugaz, tan inalcanzable y vano.
En cualquier caso, ambos eran jóvenes y bellos, y gozaban de una inteligencia sólo mejorable con la experiencia que les traerían los años.
Refugios y guaridas...
Sólo sabes que quieres escapar.
De qué, quién o cómo no importa, porque tampoco hay dónde acudir.
Buscas una sensación menos caótica, más placentera y tranquila, algo que se asemeje a hacerse el muerto en el mar una tarde de verano.
Te imaginas en un museo de una gran ciudad, lejos de la tuya; una sala llena de gente donde sólo se oigan voces extranjeras y apenas entiendas nada. Una sala con un gran cuadro principal y un banco vacío donde sentarte durante horas a observar, y refugiarte en el cuadro, en sus luces y texturas, en sus sombras y brochazos, en sus formas y asimetrías.
Piensas en tu cuadro favorito y ves que no sabes cuál es. No te decides con ninguno. Así que ahí estás tú, en un museo extranjero, frente a un cuadro inmenso, que ocupa toda la pared, pero está vacío.
Decides entonces huir a una canción, meterte en la sinfonía y dejar de pensar, dejar de sentir, simplemente dejarte llevar por las notas y percibir los ritmos, ir a su compás, emocionarte con la música. Buscas esa canción que te hace volar. Pero hoy no vuelas con ninguna...
Así que finalmente decides escribir, y escribes que no encuentras un rincón donde pasar estos ratos muertos en los que la única certeza es que tienes un cosquilleo en el estómago que es todo lo contrario al amor y el deseo, que es lo opuesto a la felicidad que te dan las cosas más tontas. Escribes que no encuentras sitio ni espacio ni tiempo para evadirte y dejar de lado angustias y deseos insatisfechos. Escribes que sólo te queda la angustia y el vacio.
Escribes lo que no hablas, porque hablar resultaría quizá peor para todos.
Mientras, escuchas canciones y buscas cuadros perfectos en tu memoria... El único refugio a tu alcance; memoria...
Ella callava, però els seus ulls parlaven.... i els seus ulls, ploraven.
Els llençols estaven humits de llàgrimes y plens de silencis... Tapaven els seus cosos, però també les seues mentides.
Hui la lluna està plena... I m´agradaria plenar la nit en tu...
(a)-isla-(dos)
Mensaje recibido.
"Me encantó conocerte... Fue una noche especial. Besos de colores... Libres como el viento... "
Alba cerró los ojos. El mensaje no era para ella, no le pertenecía, pero ahí estaba, en la bandeja de entrada de su móvil. Seguramente era una tonta equivocación... Y se alegraba de ella.
Libres como el viento... Alba se tumbó sobre la cama de su cuarto y se quedó un rato mirando al techo. Cerró los ojos y oyó el sonido del silencio, mientras mentalmente se transportaba a otro tiempo, a otro lugar...
Aterrizó en las orillas de una isla, frente al mar, y, pese a notar las sábanas bajo su cuerpo, sintió el suave viento sobre la cara y escuchó claramente el perenne ir y venir de las aguas del mar.
Quería sentirse libre, libre como el viento, y se le antojaba que una playa desierta era el lugar perfecto para ello.
Septiembre, playa de Migjorn, Formentera. Alba observa el mar en silencio; no hay nadie alrededor. Era lo que necesitaba. Formentera es el lugar perfecto para desconectar del mundo exterior y escucharte por dentro. Alba sabía que la isla era dominio de los náufragos sociales... De repente supo que aquél no era su lugar. Ella no quería aislarse, no quería refugiarse en su soledad, no ansiaba romper con todo, ni siquiera olvidar su pasado. No quería esconderse en una cueva, no quería un lugar cálido y tranquilo para cobijarse; quería en cambio avanzar, sí, sola, para buscar nuevos límites, nuevas fronteras... Y en una isla el horizonte siempre está bien definido, el mar forma una barrera de agua insalvable entre la isla y el resto del mundo...
Alba decidió volar, dejar Formentera, su pequeña esmeralda, y viajar en busca de nuevos horizontes que perseguir. La isla se le quedaba pequeña... Lo que había conocido hasta ahora no era suficiente.
Alba abrió los ojos. Seguía en su habitación. Jamás había estado en una isla, pero había soñado con una. Supo que algún día iría a visitarla, que algún día acudiría a refugiarse... Pero todavía no era el momento. Antes tenía todo un mundo por conocer...
Quería recorrerlo todo... Libre como el viento.
"Se esperan lluvias en los próximos días. En Europa, las temperaturas se mantendrán... "
Cuando se despertó, acababa de oír su voz susurrándole al oído.
Pero en aquella habitación no había nadie.
Oyó la lluvia al otro lado de la ventana. Era un lunes triste, gris y frío.
En aquél lunes triste, gris y frío, después de un año, supo que seguía enamorada de él. Se le puso la piel de gallina sólo de pensarlo: seguía enamorada de él y no podía hacer nada para impedirlo.
Lo peor de todo aquello es que ya no podría volver a negárselo a sí misma. Aquella noche había soñado con él. También otras noches había soñado con él, y esta no tenía nada de especial ni diferente con respecto a las precedentes.
Lo último que había visto antes de despertarse era a él. Él en aquella habitación en aquellos días de primavera que no volverían jamás. Le había sentido próximo y cercano a pesar de que él habría compartido esa noche con otra... Ella lo sabía y, aún así, le parecía que esa noche no había dormido sola.Quizá allá donde estuviera aquél lunes también lloviera.
Pensó que seguramente él también se habría levantado al otro lado de una ventana empañada y sintió una especie de conexión entre los dos.
Pero conforme pasó el día supo que él ya no se acordaría de ella...
Volvió a casa sin paraguas mojándose con una lluvia que sólo le pertenecía a ella. En Tolousse hoy no llovía... En Toulousse hoy no llovía...
cuentos de hadas para aprender a volar
- ¿qué tal el examen?-preguntó el hippy bohemio.
-¡Ah! te has acordado... - exclamó Lola.
(Nota del autor: lo que ella no sabía era que él no había dejado de recordarla ni un solo momento)
ella
Estás y no estás. Te dejas llevar controlándote. Hay confianza, pero te cierras. Lo sabes; prefieres obviarlo. Pero solo sientes la tristeza cuando le miras, y ves su felicidad. Y te parece ridículo que él no se dé cuenta del contraste de vuestras miradas, la tuya tan triste, tan cansada; la suya viva y alegre... Y hay algo malévolo y oscuro en esa mirada suya, esa mirada de felicidad radiante que te apaga. Quieres gritar, pero te callas; quieres salir de allí, correr, escapar de esa intimidad que te asfixia, pero te quedas allí, quieta, esperando... Esperando en vano a que él baje de su nube y te mire. No lo haces, no huyes, esperas, porque te sientes mal, te sientes egoísta, malvada, sucia... Cómo le haces esto, cómo no sientes lo mismo, cómo te dejas querer así... Y esperar también es un acto rastrero, porque el día que se de cuenta se preguntará como tantas veces tú te has preguntado si todo ha sido una mentira. Y en realidad tampoco quieres que despierte de su embriaguez, en realidad quieres que siga todo así indefinidamente, porque en el fondo te sientes mejor viendo que alguien es tan feliz a tu lado y el miedo a la culpabilidad de hacerle infeliz si le dejas es tan grande que sigues a su lado, alimentando su mentira, alimentando su falsa dicha. Él está a gusto contigo. Y tú te sientes sola, sola, sola, sola....
... y prometimos recordarnos, recordarnos siempre, y echarnos nunca de menos. fue una promesa que ambos quisimos cumplir.
hey, that´s no way to say goodbye
Todos somos muy amables al principio. Aunque sólo sea por la ilusión que le hace a todo el mundo empezar algo nuevo, ya sea conocer a alguien, cambiar de trabajo o de carrera... Te habían advertido pero tú has visto el percal y qué va, todos tus compañeros majísimos.
Y luego pasa el tiempo, y ya no es el primer día, ni el segundo, y hay un cúmulo de anécdotas compartidas flotando entre los dos, y parece que ya no hay nada estimulante en compartir una peli o ir a la playa, porque es algo que ya se ha vuelto rutinario. Y ya no te ves forzada a sonreír amablemente y poco a poco todo se va deteriorando. Al principio ni te percatabas de esos pequeños detalles que ahora se han convertido en grandes defectos.
Y todo acaba, y empieza algo nuevo. Y la rueda sigue...
Y yo me pregunto qué cuesta acabar bien con la gente. De acuerdo, llega un punto en el que ya no se puede o no interesa compartir nada más, y es mejor dejar las cosas como están antes de que se compliquen más. Pero las despedidas podrían ser elegantes, o conmovedoras y entrañables, pero nunca rencorosas ni violentas. Al despedirnos deberíamos mirar atrás, comprobar lo vivido y dar por acabada una etapa, pero darla por acabada con una sonrisa. Admitir que hemos evolucionado, que ya no podemos crecer más juntos, dar las gracias por los buenos momentos y partir lejos de allí satisfechos, como quien acaba algo bien hecho. Y eso sería ponerle un broche de oro en lugar de dar una patada.
Los puntos finales son necesarios. Los finales trágicos, no.
¿Si pudieras elegir un final, si pudieras volver a despedirte, cómo lo harías?