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* Caperucita En RussaFa * "A quien dices tu secreto, das tu libertad". Caperucita en Manhattan.
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arrastrar la mentira o soltar la verdad.
- ¿Por qué? - le preguntó él cuando ella habÃa acabado con ellos.
Él ya habÃa empezado a llorar. A ella se le cayeron las lágrimas cuando se vio obligada a decirle lo siguiente:
- Porque no estoy enamorada de ti.
Él no se merecÃa excursas, después de todo. Se abrazaron entre lágrimas y mocos. Ella sabÃa que él no sabÃa que ella también querÃa que todo fuera diferente.
- Lo siento... - Le aguantó la mirada hasta que él le dio un beso, uno de los últimos, y cerraron los ojos para no ver lo que se les venÃa encima.
HabÃan estado agusto, muy agusto. Ella también. Pero no tan bien como el otro. Ella sabÃa que él se estaba enamorando. No sabÃa si ella iba a enamorarse o no, pero eso esperaba...
Esperó demasiado. Cuando decidió dejarlo, el mal ya estaba hecho. Él se habÃa rendido. Se habÃa abierto completamente. Se lo habÃa dado todo. Mientras él se enamoraba, ella no paraba de dudar.
Le dolió tanto hacerle daño... Si tan solo pudiera engañarse a sà misma y seguir adelante con aquello...
- ¿Entonces...?
"Entonces, cuando te decÃa te quiero, era porque te quiero, amor. ¿Entonces? SÃ, te quiero, pero no siento las cosquillas en el estómago, no me rÃo cuando pienso en ti, no me brilla la mirada cuando me preguntan, no tengo las mejillas más rosas desde que te conozco... No sueño contigo. No sueño contigo... No sueño contigo.
¿Es tanto pedir? ¿Es tanto pedir?"
Se tragó todo esto con las salivas y las lágrimas. Se tragó todo y contestó solo esto:
- Te quiero pero... Lo siento.
Él no preguntó más porque tampoco querÃa conocer la explicación. Porque sabe que no todo tiene un por qué.
Ella lo sabe, también; pero aún asà le gustarÃa saber por qué no tiene cosquillas ni rÃe ni sueña... Le gustarÃa saber por qué en su relación más perfecta su amor tenÃa que ser calmado como una balsa de aceite.
- Lo... lo siento... - él le aprieta el Ãndice contra sus labios (le encantaban sus labios desde la primera vez que los besó); solo está cansado. Le gustarÃa seguir besándola como si no supiera nada... Pero sus besos ya no saben igual. No hay nada que le calme el tormento... Ahora mismo, ni siquiera agotar los últimos minutos con ella le calma.
Los dos saben que a él le hubiera gustado no saberlo, no saber nunca y seguir viviendo juntos. Todos hubieran sido felices (todos menos, quizás, ella). Pero también saben que esto es lo mejor. Que, algún dÃa, él se lo agradecerá.
Cuando baja del coche, ella sabe que lo va a echar de menos. Y que tendrá que callárselo. Para hacérselo a todos más fácil (más fácil excepto, quizás, para ella).
Pocos entienden que no existen vencedores ni vencidos.
Todos pierden cuando se dicen adiós.
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