* Caperucita En RussaFa * "A quien dices tu secreto, das tu libertad". Caperucita en Manhattan.
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amor arrugado

Se levantó a eso de las cinco de la mañana para ir al baño. Cada vez se levantaba más y más a menudo... Cosas que tiene la edad. Al volver del baño, la vio tumbada boca abajo, mirando hacia su lado de la cama, con la boca ligeramente entreabierta. Su respiración era profunda y pausada. Le encantaba verla así, con el pelo revuelto, la cara relajada y vestida con una de sus camisetas (usaba las suyas porque eran "más anchas y más cómodas"...) Siempre le había gustado mirarla mientras dormía. Se tumbó con cuidado a su lado. Todavía compartían colchón... "Por suerte", pensó, acordándose de algún que otro amigo. Se la quedó mirando y no pudo evitarlo: alargó el antebrazo y le acarició suavemente la mejilla, rozándole luego los párpados con su índice y bajando el pulgar por su nariz. Ella no se despertó del todo, pero sonrió en su duermevela. Después de 2o años, Juanjo era el único que podía acariciarle las arrugas con amor. Solo puede hacerlo quien las ha visto nacer, año tras año, estando a tu lado. Y Juanjo había estado ahí desde el principio... Dejó de hacerse la dormida, abrió los ojos y sonrió. Estuvieron así, tumbados, mirándose, unos cuantos minutos. Luego ella le besó. Le cogió del pelo, apretando suave pero intensamente, atrayendo su cara hacia la de ella. Se abrazaron debajo de las sábanas, apoyando sus barbillas en el hueco del otro, cerrando sus ojos. Saber compartir y disfrutar el silencio era algo que, como las arrugas, les habían traído los años. Rieron al recordar una vieja anécdota. Se miraron divertidos y ella quitó sus camisetas: la suya y la de él. Volvieron a hacerlo. Después de tanto tiempo nada era nuevo, pero a veces tenían la sensación de reencontrarse. Esta era una de esas noches.
14.12.09 23:53


tempus fugit!!!

Yo creo que te vas dando cuenta de que te estás haciendo "mayor" cuando, al volver a ver a alguien, te das cuenta de que perfectamente han pasado 5 años, lo menos. Antes, te parecía "increíble" que tus padres llevaran sin ver a algún amigo 15 años, y ahora... Ahora ves que el tiempo corre, corre deprisa y que las horas se cuelan entre los dedos de tus manos sin poder recogerlas luego, que se escapan, que vuelan mientras tú llevas a cabo, mejor o pero, los quehaceres del día a día, mientras intentas cumplir con tu rutina diaria. El tiempo pasa. Pasa aprisa. Y cuando decides dejar de quejarte y empezar a dejar de perderlo (aunque qué bueno también esos momentos en los que te permites no hacer nada), es cuando vuelves a conectar con todo aquello que te encanta, con las personas que te llenan, que te dan vidilla, que te roban sonrisas... Y decides que vas a dedicar tu tiempo a esas pequeñas grandes cosas que hacen brillante tu vida y te alegran el día.
10.11.09 23:38


re-definiendo

- Para mí, en este caso, - dijo Lola - la diferencia entre estar enfadada o decepcionada es que el enfado viene cuando dejan de darte algo a lo que te crees con derecho. En cambio, cuando alguien te decepciona es porque no hace algo que tú esperabas de esa persona; no algo "que te mereces" o "que te debe" o "que tiene obligación de.." darte, sino algo que tú esperabas recibir y no has recibido. - Ahh.. - dijo Chelo. - Por eso, Chelito, yo no estoy enfadada con él... Solo... decepcionada. - Uff.. Pues me parece un poco fuerte... Yo creo que la decepción es peor que el enfado. Lola pensó sobre ello pero no supo determinar qué era peor para ella, si el enfado o la decepción.
9.11.09 22:49


aqu y ahora, luego...

Había llegado a ese punto en el que sólo podía seguir adelante con los ojos vendados o echarse para atrás de una vez por todas. Hiciera lo que hiciera, nunca podría volver a ese punto de inflexión. El momento de decidirse, pues, era aquí y ahora. No había más vuelta de hoja. Porque, si esperaba, se vería envuelto en una espiral más y más grande, se vería arrastrado por las circunstancias y, llegaría un punto, este más lejano, en el que se preguntaría cómo había llegado hasta allí. Y no hallaría respuesta o, de encontrarla, sería tan perturbadora que mejor olvidarla. El caso, pues, es que aquél era el momento de coger la sartén por el mango y decidir. "Caiga quien caiga, joder", se repetía. Pero el riesgo de caer él era tan alto, que día tras día postergaba el fatídico momento en el que tendría que hacer balance y elegir entre seguir como hasta ahora (lo cual no le convencía) o bien cambiar algo (algo que no se atrevía). En Fama, el culebrón ese de las tardes, dirían que se había quedado estancado. Podía ser. Ninguna decisión le gustaba, y, sinceramente, el riesgo de equivocarse era tal, que no hacer nada era en definitiva lo menos peligroso. O eso creía él mientras intentaba no creer en nada. No pensar. No valorar. No poner las cartas en la mesa. En definitiva, lo que no quería hacer, lo que de ningún modo quería que pasara, era tomar una decisión de la que luego se arrepintiera, una decisión tal que hiciera tambalear todo y le empujara del sofá de vida que se había creado. Porque el sofá era viejo, y no el más cómodo, desde luego. Pero se había acostumbrado, qué coño. No quería salir de la mentira eficaz, de la mentira digna, de la mentira que empiezan muchos cuando se lavan la cara por la mañana y casi ni se miran al espejo. Porque era el mal de muchos, era el consuelo de los tontos, y eso él lo sabía. Arrepentirse de la farsa ocurriría algún día, pero se le antojaba que ese día bien podía no llegar nunca o bien, de hacerlo, sería de aquí muchos, muchos años, cuando ya no tuviera fuerzas si quiera de levantarse del sofá de su vida de mentira. Y, para entonces, el dolor sería menos doloroso, porque ya nada se podría hacer, porque sólo quedaría resignarse y porque, para entonces, conformarse sería lo más inteligente. Pero algo le decía que conformarse en este momento no era lo más inteligente que se podía hacer. Y por eso dudaba. ¿Arriesgarse de arrepentirse del error garrafal o seguir errando a poquitos, sin darse cuenta, casi por tropiezo? Era el momento de actuar, o perdería la oportunidad para siempre.
8.11.09 04:13


CORRE!!!!

El hábito se convierte en costumbre a una velocidad de vértigo. Y, de repente, algo que nunca habías tenido se convierte en algo imprescindible, lo que nunca te había faltado ahora lo echas de menos y, en general. buscas lo que antes nunca habías encontrado. ¿Cuánto dura la novedad del cambio? ¿Un día? ¿Un mes? Dicen que pronto te acostumbras a lo bueno, pero creo que, en realidad, te haces a todo en seguida. Si el cambio es a peor, todo el mundo te anima a acostumbrarte, a asumirlo, porque "cuanto antes lo superes, mejor". Si el cambio es para bien, entonces no hay tu tía: qué rápido se olvidan las penas (bueno, algunas..) El caso es que por unas o por otras, siempre vamos corriendo de situación en situación, dejando atrás y aprisa etapas pasadas, quemando fases... ¡¡Corre!!! ... que igual se escapa la oportunidad....
3.11.09 07:54


¿polos opuestos se atraen? - en principio..... - sí... - solo superficialmente.
26.10.09 00:22


ts.

30 segundos. 40. No, 50. Porque quiere que el té esté caliente, muy caliente, que la taza le queme las manos al cogerla y tenga que estar diez minutos soplando el té humeante antes de poder darle un sorbito. Y estar así, esperando a que se enfríe, mientras se asoma a la terraza y contempla las estrellas. El sabor del roibos casi se le había olvidado desde el invierno pasado. Tomar té caliente es algo personal y profundamente íntimo. Es un gesto cotidiano pero especial. Una cafetera es para todos pero las bolsitas de té son individuales. Comparte café con sus amigas. Hay cafeterías por todos lados; te los sirven hasta para llevar, en vasos de plástico donde ponen tu nombre o el que te inventes. Hay cafés en las primeras citas y tras los postres de las cenas. Hay cafés cada mañana, ese café necesario, ese café obligado. Se toma café en exámenes para rendir más, para estar menos cansado, para aguantar más horas... Y para perderlas en los pasillos mientras buscas la máquina "buena" y hablas de todo. Pero tés... Ella solo se toma tés con ella. Por la noche. Cuando necesita pensar. Cuando quiere pensar. O cuando necesita tener una taza caliente en la mano y soplar y solo sentir la taza en su mano y pensar en soplar y nada más. Y ver como todo se enfría... Y ver como todo se calma. Y es de noche. Y está sola. Y mira el cielo, que es el mismo para todos pero no todos vemos el mismo. Mierda... El té se le ha enfriado en las manos cuando todavía no llevaba ni la mitad. Y ya no está ni la mitad de bueno. Ya es tarde y se niega a calentarlo. Ahora solo quiere escribir. Teclear un rato, con la taza a mano, y pensar en esos escasos momentos en los que puedes estar solo de verdad y escuchar el silencio y a ti mismo. Porque solo cuando estás solo tú te das cuenta de que siempre es así y siempre lo ha sido. Hay muchas tazas pero siempre tienes que estar pendiente de la tuya. Como si fuera de noche. Como si el mundo estuviera callado. Pero sin que sea así, afortunadamente... Porque el café también nos gusta a todos.
22.10.09 00:29


De repente hay alguien que te hace sonreír. Vale. De repente te pasas hablando horas con alguien que te hace reír. Vale. De repente te hace un pelín más de ilusión levantarte por las mañanas. Vale. De repente esperas sus mensajes y sus detalles. Vale. De repente te dice de quedar. Y tú dudas. Y ahora no sabes. Y quizá no deberías haberlo insinuado. Pero él ha seguido tus insinuaciones y no se ha ido por las ramas. O sea que te ha dicho de quedar. Tú también querías y no te has atrevido a decirlo, solo a bromearlo. Pero él la ha pillado al vuelo y te lo ha dicho. Y a ti se te han pasado las risas y las sonrisas. Y de repente temes esa primera cita. Y eso no vale, no vale, no vale, no vale, no vale, no vale.... ¿Por qué es tan difícil hacerlo fácil?
20.10.09 23:50


Loladas.

Se cruzaron las miradas y se reconocieron. No se habían visto en la vida, pero lo hicieron. Los iguales se saben semejantes. Así pues, con un cruce de miradas que apenas duró tres segundos (cinco, a lo sumo), empezaron a reír antes incluso de decirse hola. Lola acababa de pedirle tabaco a uno de sus amigos, así que se podía decir que tenían conocidos en común. Estaban juntos. El del tabaco de liar y el alto risitas. Así que se acercó. Total, los dos la estaban mirando... El alto risitas se presentó sin parar de reír aún. Ella también sonreía. Se quedó un rato con ellos. A los diez minutos Miguel le confirmó lo que ya sabía. Se estaba morreando con una niña mona. Era uno de los suyos. Lola pegó una calada al piti y rió. Se sentía atraída por él, pero ni muerta se cambiaba por esa niña. Esperaría. Era mejor así. No tenía ninguna prisa. - ¡Ey, cantero! - le dijo cuando la niña se fue corriendo a casa de papá. - ¿Cómo? - Pues eso, ¡cantero! Aún son las cinco... ¿No es muy pronto para tirar ya de cantera?? A las siete lo entiendo, pero ahora.. Todavía hay esperanza, ¿no? ¡Incluso para ti! El alto risitas encajó bien el golpe, y eso que no se lo esperaba. Luego, le dedicó toda su atención. Ella estaba encantada. Encantadísima. No le comería la boca esa noche, pero algún día lo haría. Y ella sabía que entonces, los besos sabrían mejor. - Eres guapísima. No contestó. - Eres guapísima - insistió él, - y ya lo sabes. ¿A que sí? Va, no me vengas con falsa modestia. Ella sonrió muy segura de sí misma. No iba a dar su brazo a torcer. Odiaba los piropos. Y más los de esa clase. Y más a esas horas... - Soy mona - sonrió. - MUY mona. - Vale... Pues muy mona. Pero, ¿sabes? Eso de aquí diez años dará igual... De aquí diez años él ni se giraría por la calle. Y no le comería la oreja en un pub ni de coña. O eso pensaba ella. De repente, el chico la sorprendió como nunca la había sorprendido alguien. - De aquí diez años serás la madre de los hijos de algún afortunado de por aquí. Lola arqueó las cejas y sonrió. No replicó nada más y esa noche, camino a casa, seguía sonriendo cada vez que recordaba la frase nocturna más dulce que le habían dicho en su vida. Que a una petarda como a ella la consideraran futura madre, y, además, se dijeran afortunados por ello, era algo que no se hubiera esperado ni en un millón de años.
20.10.09 23:29


La vida no es ms que esto. El aqu y el ahora.

La vida es demasiado corta. Definitivamente, deberíamos tener dos vidas. Una para aprender y otra para ejercer lo aprendido. Así, podríamos vivir la primera sin miedo a equivocarnos, sin miedo a perder el tiempo repitiendo errores, porque sabríamos que por delante aún tenemos otra oportunidad, otra oportunidad para hacerlo igual de bien, igual de mal, para fallar de nuevo, pero fallar mejor. La vida es demasiado corta. Se hace larga y pesada en los malos momentos pero... Al final, lo malo se hace chiquito y te quedas con los buenos momentos, que también se hacen breves, porque ya se sabe que cuando se está agusto, se pasa el tiempo volando... Total, que al final se te ha ido el santo al cielo, y tú ahí, en el purgatorio, en el infierno, o ahí subida con el santo si has sido demasiado buena... Y preguntandote, ¿ya? Siempre he pensado que, puestos a arrepentirse, mejor hacerlo de las cosas que has hecho mal que de las que no has hecho. Siempre me ha dado la sensación que todo lo que callas, lo que omites, lo que dejas para un mañana que nunca llegará a ser hoy, da mucha más rabia, da mucho más coraje. ¿Por qué? Porque no hay nada peor que preguntarte qué podría haber sido si... Y detrás de ese tipo de síes siempre hay intentos en falso, frases a medias... Deseos enterrados... No atrevimientos, en definitiva. Ahora también pienso que lo que se hace sin pensar, con media botella de gin en cuerpo, tipo "carpe diem y rock and roll" (qué buenos y qué caóticos y qué lejanos aquellos tiempos, ¿eh? ) también es fuente de arrepentimiento posterior. Sobre todo si, en ese momento, en el de decir "sí" y hacer "sí" o decir "no" y alejarte corriendo... En esos momentos previos al: "uups... demasiado tarde"; justo antes de mentir diciendo "no quiero, no quiero..." (y echártelo al sombrero...); decía que, especialmente, si antes de actuar ha pasado por tu mente el fugaz pensamiento de "no debería", es que no debes. Y, como dijo muy bien algún día el taxista don Vicente, lo que no debas, no lo hagas. Te arrepentirás y luego ya no habrá tiempo de rectificar. El tiempo enfriará las cosas, los errores se olvidarán o quedarán demasiado atrás como para preocuparse por ellos, pero, al final, en uno de esos días que echas la vista atrás... Te toparás con ellos. Así que, hoy por hoy, no sé qué es peor, si el hacer o el no hacer. Lo que sí sé es que la vida es demasiado corta como para situarse en medio, vacilante, esperando.... ¿esperando qué? La vida es lo que pasa mientras nosotros estamos en otras cosas...
14.10.09 22:26


(te) abres o no?

No sirve de nada tener la llave si la puerta está cerrada por dentro... Llaman. Y tú preguntas: ¿quién es? - Yo. - ¿Tú? - Sí, yo... Y dices tu nombre. - ¿Pero qué parte de ti llama? - ¿Cómo que qué parte? YO, yo te llamo.. ¡Ábreme! Pero si te dejo entrar, entrarás tú, tú, tú, con tu parte buena, y tu parte mala... Y desde la mirilla solo se ve tu cara, tu cara bonita, tu cara buena... Desde la mirilla no se ve una mierda, para qué engañarnos. Y una vez abres... Una vez abres ya es demasiado tarde para cerrar la puerta si resulta que el conocido no era tan conocido como creías. Y por la mirilla no se distinguía una mierda. Una vez abres es tarde para no contestar, haciendo ver que no estás. Una vez abres, ya has abierto... Y el otro tiene ya un pie dentro. Puedes empujar, pero como mínimo habrá visto tu entrada. Y sabe donde vives. Puede volver a llamar... Los pestillos y candandados solo cumplen su función cuando permanecen cerrados. Porque, una vez abiertos, es como si nunca hubieran estado ahí...
29.9.09 23:30


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